| ¡Aullando entre relámpagos, |
| perdido en la tormenta |
| de mi noche interminable, |
| ¡Dios! busco tu nombre… |
| No quiero que tu rayo |
| me enceguezca entre el horror, |
| porque preciso luz |
| para seguir… |
| ¿Lo que aprendí de tu mano |
| no sirve para vivir? |
| Yo siento que mi fe se tambalea, |
| que la gente mala, vive |
| ¡Dios! mejor que yo… |
| Si la vida es el infierno |
| y el honrao vive entre lágrimas, |
| ¿cuál es el bien… |
| del que lucha en nombre tuyo, |
| limpio, puro… ¿para qué… |
| Si hoy la infamia da el sendero |
| y el amor mata en tu nombre, |
| ¡Dios!, lo que has besao… |
| El seguirte es dar ventaja |
| y el amarte sucumbir al mal. |
| No quiero abandonarte, yo, |
| demuestra una vez sola |
| que el traidor no vive impune, |
| ¡Dios! para besarte… |
| Enséñame una flor |
| que haya nacido |
| del esfuerzo de seguirte, |
| ¡Dios! Para no odiar: |
| al mundo que me desprecia, |
| porque no aprendo a robar… |
| Y entonces de rodillas, |
| hecho sangre en los guijarros |
| moriré con vos, ¡feliz, Señor! |